60 años de la Unión Europea; ¿habrá otros 60?

Acabamos de celebrar el aniversario de la Unión Europea. 60 años de integración que ha tenido momentos de incertidumbre, pero que también ha supuesto el mayor periodo de estabilidad de la región de la historia. Los líderes de los países miembros se comprometían el pasado día 18 de marzo a mantener el compromiso con la UE, algo que cada vez parece más difícil si nos atenemos a los potenciales problemas generados por el Brexit o el surgimiento de partidos con marcada tendencia anti integración.

¿Está en peligro la Unión Europea tal y como la conocemos hoy en día? A mi juicio, no, aunque es cierto que el concepto de Europa tal y como la conocemos necesita avanzar, y no hacia la separación, sino muy al contrario, hacia una mayor integración. Han sido las divergencias entre unos países y otros las culpables del creciente escepticismo europeísta, que ha aumentado especialmente tras la crisis financiera, y que ha hecho creer a una parte de la población que la UE ha traído ventajas para algunos países, a costa de otros; algo injusto si miramos la visión de conjunto. Gracias a la zona euro, la inflación se ha reducido en todos los países, disfrutamos de un banco central común que vigila además nuestro sector financiero, nos movemos entre países con mayor facilidad, y las empresas hacen negocios muchos más ágilmente, apoyadas además en un entorno regulatorio común. Pese al sentimiento anti-europeísta, la creación de la Unión Europea ha traído consigo muchas más ventajas que inconvenientes. Ahora es momento de salvar estos últimos. Y para ello, es necesario avanzar en las reformas estructurales pendientes, que eliminen las divergencias de competitividad entre unos países y otros, y así abrir la puerta a la gran ausente hoy: la integración fiscal. Pensar en Eurobonos parece imposible a día de hoy, pero no lo es si conseguimos una mayor integración real entre nuestras economías, no sólo monetaria.

Las clases políticas han de poner además su granito de arena. Es cierto que la economía europea ha salido de la crisis financiera y vuelve a estar en una fase de crecimiento, pero también lo es que esta recuperación no ha llegado a toda la población por igual. Los programas de rescate a distintos países, como Grecia, o el apoyo a los bancos con problemas, no han hecho más que exacerbar este sentimiento negativo. Esto ha dado alas a los movimientos anti-europeístas. Salvadas las elecciones en Holanda, ahora es el turno de Francia, donde, si nos atenemos a las últimas encuestas, parece que el radicalismo de Marine Le Pen está perdiendo algo de fuelle a favor del candidato centrista Emmanuel Macron, que lidera a día de hoy incluso las encuestas para la primera vuelta. De hecho, las encuestas para la segunda vuelta de finales de mayo dan una holgada mayoría para los candidatos pro-Europa, bien sea Macron o Fillon. Aunque efectivamente se cumplan estas encuestas, y Marine Le Pen quede fuera de la presidencia, lo cierto es que, al igual que ocurre en otros países (como España, Italia, Holanda, Hungría…), el peso de los partidos populistas en los parlamentos es creciente. Esto tiene consecuencias. La primera, que formar un gobierno de coalición es cada vez más complicado, con gobiernos frágiles, con poco margen para realizar reformas que generalmente tienen efectos positivos a largo plazo, pero que son costosas a corto plazo y generan descontento. La segunda consecuencia es que se pone en riesgo el espíritu de integración de la propia Unión Europea, al apelar por restringir la movilidad de las personas (con críticas a la inmigración) o la liberalización de los mercados de bienes y servicios (minando la competencia).

En resumen, necesitamos más integración porque sólo estando más unidos podremos ser más fuertes frente a posibles shocks externos. Pero también necesitamos más compresión de la clase política sobre los problemas a los que se enfrenta una gran parte de la población que se considera abandonada en esta etapa post-crisis. Es una tarea difícil, que esperamos sea exitosa, pues sólo así conseguiremos evitar el incremento de los sentimientos anti-Europa.

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