África, continente de moda y cuna de enseñanzas al emprendimiento.

Cada vez son más los creadores de opinión que proclaman que África, sobre todo en su parte oriental, es el nuevo El Dorado de la economía mundial.

Las cifras de crecimiento de países como Etiopía y Kenia sitúan a estos vecinos entre las economías con mayor crecimiento y destino de la IED de gran cantidad de países, en especial de gigantes asiáticos como India y  China.

Las oportunidades de negocio para las empresas españolas son grandes en sectores como construcción, infraestructuras, servicios, sanidad, agricultura… Sin embargo, la posición competitiva de nuestros exportadores en estas economías es débil y con poca experiencia. Por si fuera poco, la administración comercial española carece de la implantación cesaría en la zona, gestionando las acciones de fomento de la internacionalización de nuestras empresas desde las Oficinas Comerciales situadas en otros países.

Además de las oportunidades anteriormente citadas, podemos encontrar en este continente enseñanzas y experiencias que  bien podrían ser útiles para los nuevos emprendedores e, incluso, para grandes empresas.

Partiendo del  tópico de que la ‘necesidad agudiza el ingenio’ podemos observar como, por ejemplo, la penetración de la telefonía móvil y el pago a través del terminal es mayor en estas economías en desarrollo que en otras más avanzadas. ¿Por qué? La tasa de bancarización y la inexistencia de redes de telefonía fija se han convertido en las palancas de crecimiento para esta práctica de pago.

Otro ejemplo es la adaptación del embalaje y la dosificación de los productos en función del poder adquisitivo de los clientes objetivos.  Conglomerados de marcas punteras en el mundo han adaptado sus productos convirtiéndolos en mono dosis  y poniéndolos, de esta manera, al alcance de un mayor número de personas y facilitando, por otra parte, el desarrollo de un pequeño ecosistema de micro comercios que empujan el desarrollo del emprendimiento local.

En Addis Abeba, por ejemplo, podemos encontrar multitud de sastres  agrupados en torno a un nudo viario, modernos escribas con máquinas de escribir para prestar ese servicio a quien carecen de ellas, no están alfabetizados, etc.

Como es sabido, las realidades económicas de nuestro entorno difieren radicalmente de aquellas que podemos encontrar en  África pero estos dos ejemplos, como muchos otros,  son un espejo en el que podemos mirarnos para convertir carencias en oportunidades. Un ejemplo puede ser adaptar las presentaciones y las cantidades de productos a las nuevas realidades familiares occidentales o facilitar el pago por móvil a jóvenes que todavía carecen de una cuenta corriente en una entidad financiera o que simplemente eligen esa forma de pago.

Por todo lo anterior, se antoja necesario dotar a nuestros colaboradores de aquellas herramientas que permitan optimizar y agilizar la gestión de la cadena de valor de nuestras compañías y asegurar que la prestación de nuestros servicios o las entregas de nuestros productos tengan la capilaridad que demande nuestro modelo de negocio.

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