Competencia a domicilio

Desde que era pequeño siempre me gustaron los aviones (supongo que como a muchos de ustedes) y me gustaba pasar tiempo los sábados por la tarde en la antigua terraza descubierta de lo que ahora es la T-2 de Barajas, en Madrid.

Con los años me ha ido interesando cada vez más la industria aeronáutica y todo lo que ello implica. Creo, que para aquellos que nos dedicamos al negocio internacional, es una buena fuente de experiencias, además, obviamente, de un elemento indispensable de nuestro día a día.

Piensen en la evolución de los viajes en avión durante estos últimos años. Desde vuelos en los que se podía fumar y que en un trayecto corto había posibilidad de comer o cenar con cierta holgura en el asiento, hasta la súper segmentación dentro de los aviones de largo radio de las aerolíneas más “tradicionales” que, en muchos casos, ofrecen 4 clases de servicio y confort dentro de un mismo avión. Además de todo lo anterior, no hay que olvidar el efecto de las compañías low cost y las ultra low cost en las tarifas y servicios de todo el sector.

Abundando en lo anterior, las compañías compiten a escala global en mercados que no son los suyos de origen. Compañías como Air Berlin, Volotea, Norwegian o la española Vueling operan vuelos domésticos en terceros países.

Sin embargo, la noticia más relevante habida en los últimos meses en este sentido, es la entrega por parte del consorcio europeo Airbus de un avión a la compañía americana JetBlue. Esto en principio no tendría nada de excepcional, si no fuera porque es el primer avión fabricado íntegramente en Estados Unidos por Airbus, para llevar la competencia al “patio trasero” de su principal competidor. Esta planta complementa las existentes en Europa y la otra planta en el “extranjero” de Airbus: China.

Si bien este es un caso muy extremo, sí que nos da un ejemplo y puede servir a modo de inspiración para muchos de nuestros exportadores para llevar algunos procesos de su cadena de valor a aquellos mercados más interesantes, sin complejos y sin miedos a los competidores locales. La forma de hacerlo dependerá de muchos factores y de la experiencia, preparación y fortaleza del exportador que quiera convertirse en una empresa internacional, pero las posibilidades son muchas: desde un ensamblaje final en el mercado de destino incorporando componentes locales, hasta pequeños retoques que “personalicen” nuestros productos al gusto del consumidor local.

En una economía global como la que tenemos es importante buscar aquellos procesos de mejora que nos aporten ese punto extra de competitividad y cercanía al mercado que nos ponga delante de la competencia.

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