Competir en entornos corruptos

 

La corrupción, nos guste o no, es una circunstancia a la que nos podemos ver expuestos en nuestra actividad empresarial y que, por lo tanto, debemos estar preparados para mitigar ese riesgo.

La corrupción puede mostrarse de diversas maneras y ser más o menos lesiva para nuestros intereses en función del proyecto al que nos afecte, la fase en el que este se encuentre o nuestro grado de conocimiento de un mercado.

También es necesario diferenciar entre corrupción y extorsión. Ante la segunda, los mecanismos pueden ser más o menos claros según el grado de seguridad jurídica del territorio en el que nos encontremos.

Frente a la primera, lo fundamental es lo que se conoce como responsabilidad personal de directivo. Desgraciadamente, no siempre será posible imponer nuestra voluntad independientemente de lo férrea que sea.

Para aquellas situaciones en las que sí sea posible hacerlo, tendremos que conocer las costumbres y canales formales e informales. Para conocer si estas amenazas, al buen fin de nuestra operación, son así o son simplemente intentos de aprovecharse de nuestro desconocimiento. De la misma manera, es responsabilidad de la más alta dirección de cada compañía el elegir a las personas que cuenten con ese bagaje necesario para desenvolverse en este tipo de ambientes.

Ni que decir tiene que todos nuestros lectores tienen una actitud vigilante y honesta de cara a estos sucesos y que no sólo toman medidas proactivas a la vez que evitan una aquiescencia pasiva con este fenómeno.

En este caso, siempre nos encontraremos ante el dilema maquiavélico sobre la justificación de unos medios cuestionables de cara a un fin deseable. No es objeto de este artículo entrar en esta cuestión estrictamente moral y ética y que, por lo tanto, corresponde al fuero más íntimo de cada cual.

La corrupción es ineficiente desde el punto de vista empresarial ya que introduce costes económicos, ineficiencias operativas incontrolables y grandes riesgos reputacionales en caso de incurrir en algún error u omisión.

Es por ello que, ante la posibilidad de competir en entornos corruptos, debemos prepararnos con conocimientos, recursos y alternativas viables localmente para poder alcanzar el éxito empresarial sin caer en tentaciones y motivaciones espurias e inconfesables.

Llegado este punto, supongo que cada uno de ustedes tendrá en mente algún país en concreto. Me atrevería a decir que lejano en la mayoría de las ocasiones y que se puede dar el caso de que estén pensado que esta cuestión no les afecta.

Como cierre, me gustaría invitarles a que analicen el mapa que acompaña a este texto, realizado por la ONG Transparency International, y vean en qué mercados están y la posibilidad de encontrarse con este tipo de prácticas.

Bibliografía.

Nota Técnica: TDN-115 “La responsabilidad personal del directivo”. Profesor Domènec Melé. Abril de 1998. Revisada en junio de 2005. Copyright © 1998, IESE.

Cas Práctico BE-173 “Voltium” Caso preparado por Eloy del Potro, EMBA 2012, y los Profesores Guido Stein, José Ramón Pin y Juan Carlos Vázquez-Dodero. Copyright © 2011 IESE

 

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