Del ‘exportar para sobrevivir’ al ‘exportar para competir’

Sixto Rodrigo, Director del Departamento de Empresas de Deutsche Bank España, habla de un ‘milagro español’ al referirse a la expansión hacia nuevos países de muchas compañías españolas, tanto pymes como grandes empresas, en los últimos años. Los empresarios son los protagonistas de este cambio, puesto que supieron expandir su negocio más allá de nuestras fronteras en un momento en el que el mercado doméstico se contraía. Y así es como en un período de cinco años, desde 2011, las exportaciones españolas han crecido un 18%, alcanzando en 2016 la cifra más alta de la historia: 254.000 millones de euros. Cataluña es la comunidad que más ha exportado, 65.000 millones de euros, un 26% del total de las exportaciones españolas. Murcia, la región en la que más han crecido las exportaciones estos últimos cinco años: lo ha hecho cerca de un 65%. Así lo indica el análisis sobre le evolución de los sectores exportadores españoles que ha elaborado Deutsche Bank España a partir de los datos proporcionados por las Cámaras de Comercio de España y la Agencia Tributaria.

“Los datos nos muestran que los sectores que cuentan con grandes empresas, como son el automovilístico o la construcción de maquinaria, tienen una alta capacidad de exportación”, asegura Sixto Rodrigo. Y así es: hoy tenemos un sector exportador mucho más robusto y competitivo internacionalmente, impulsado por sectores que ya habían sido un motor antaño, el sector automovilístico. Con un crecimiento del 34% en los últimos cinco años, el sector automovilístico, puntero en Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla y León y Euskadi, supone el 19% del total de las exportaciones españolas en el pasado ejercicio. El total de exportaciones de vehículos, sus partes y accesorios ascendió en 2016 a 48.700 millones de euros. Le siguen por orden de valor los sectores de maquinaria y artefactos mecánicos, que destaca en Castilla y León, Cataluña y Euskadi; aparatos y material eléctrico; combustibles, aceites minerales y productos de su destilación; y plásticos y sus manufacturas. De esta forma, los cinco primeros sectores exportadores suponen el 41% del total de las exportaciones españolas.

Por lo general, el hecho de que una empresa de el salto al exterior y se convierta en multinacional, trae consigo el nacimiento de otras empresas a su alrededor. “Este hecho muestra la importancia de que las pymes crezcan en tamaño y en cuota internacional, también para el crecimiento interno y la generación de empleo local”.

Cabe destacar que entre los diez primeros sectores exportadores se encuentran dos que han experimentado un crecimiento muy por encima de la media. Por un lado está el sector de las prendas y complementos de vestir (sin incluir el punto), sector puntero de la exportación en Galicia, que asciende de la duodécima posición a la octava con un crecimiento del 80% en cinco años. Pero este crecimiento no va a detenerse. Por otro lado, las exportaciones de frutas, situadas en séptimo lugar y sector puntero de las exportaciones en Murcia, también han experimentado un aumento espectacular, del 45% en el mismo periodo. El sector hortofrutícola español tiene una gran potencia exportadora. La exportación de frutas se situó en 8.182 millones de euros en 2016. El conjunto de las exportaciones del sector hortofrutícola ha crecido cerca de un 50% en los últimos cinco años. Este es un ejemplo de sector en el que pequeños productores han abierto nuevos mercados en los últimos años como respuesta a la crisis y como fuente de crecimiento.

La inversión en I+D en las empresas es un factor clave para poder competir en el exterior, algo que estamos haciendo cada vez mejor. Las empresas con un componente en I+D y un alto valor añadido son las que tienen más herramientas para ser competitivas también en el exterior, como es el caso del sector automovilístico y el textil. Los productos de estas compañías están a la altura de países como Alemania o Italia. Ello, unido a que se ha disipado la visión de riesgo país que existía sobre España hace unos años, facilita que puedan tener más penetración en el exterior y cada vez en mercados nuevos y más complejos.

Todos estos factores demuestran que España, y gran parte de su tejido empresarial, ha pasado de un modelo en el que las empresas comenzaron su internacionalización por una necesidad a hacerlo por convicción, y tienen una clara convicción de seguir por esta senda.

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