El problema real de Grecia no es la deuda

El pasado viernes 20 de febrero asistimos a un acuerdo in extremis entre las autoridades europeas  y el gobierno griego. En el mismo se acepta extender el actual programa de rescate griego en 4 meses siempre que Grecia cumpla con los compromisos pactados, no tome medidas económicas de forma unilateral -sin el concierto europeo- y se comprometa a realizar el programa de reformas estructurales que ha enviado a Bruselas. A cambio, Grecia recibirá más flexibilidad en las exigencias de ajuste y podrá negociar un nuevo programa de ayuda -el tercero- que le permitirá permanecer en la zona euro. Estamos, por tanto, sólo ante el primer paso de un proceso de negociación que será largo y cuyo éxito dependerá del compromiso del gobierno griego con lo pactado -no en vano, se exige que todo lo negociado con Bruselas sea ratificado en el parlamento griego-.

Asumiendo que el calendario de reformas sea aceptado por Bruselas, en las próximas semanas asistiremos a la negociación de lo que llamamos la fase dos del proceso: el pacto del nuevo marco de ajuste fiscal y de las reformas estructurales. Los intentos del gobierno griego de dar marcha atrás en alguna de las medidas ya acordadas -como la pretendida subida del salario mínimo o la paralización de las privatizaciones- chocan con el modelo económico que Bruselas considera indispensable para que Grecia se adentre en una senda de crecimiento estable: necesidad de ganar competitividad.

Y es que el gran problema de Grecia no es tanto la deuda, que efectivamente es muy alta -la del sector público supera el 170% del PIB y eso que ya se produjo un canje hace más de dos años- sino la ausencia de un modelo de crecimiento que le permita progresar y generar ingresos y así poder pagar esa deuda. De hecho, gran parte de la deuda está actualmente en manos, mayoritariamente, del llamado sector ‘oficial’ -FMI, BCE y el fondo de rescate europeo EFSF-, con un vencimiento medio de 16 años y un tipo medio del 1%. Es decir, el pago debería ser asumible, sin necesidad de quita, siempre que los acreedores estén de acuerdo en diseñar un calendario de devolución más favorable -más plazo, menos intereses- y confíen en que Grecia sea capaz de generar ingresos en el futuro.

Grecia, por tanto, necesita un modelo de crecimiento nuevo que sea, sobre todo, eficiente. Eficiente en la generación de ingresos -y en esto tiene mucho que ver la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción-, pero también eficiente en cuanto a las fuentes de dicho crecimiento. En un mundo global, una economía de pequeño tamaño como Grecia y con un sector privado muy endeudado sólo puede buscar vías de crecimiento por el sector exterior. Más liberalización y más contención salarial que permitan ganancias en la productividad son medidas básicas para poder alcanzar dicho objetivo. Y España es un buen ejemplo del éxito de las reformas encaminadas a ganar competitividad y orientar a las economías hacia el exterior. Los empresarios españoles se dieron cuenta ya desde inicios de la crisis de la necesidad de buscar fuera la demanda que no podían encontrar dentro de nuestro país. Esto les obligó a ajustar costes, concentrarse en el negocio más estratégico y buscar clientes más allá de los socios tradicionales. De esta forma, España hoy no sólo exporta más que nunca -las exportaciones suponen un 33% del PIB frente al 22% de 2009- sino que, además, exporta a un abanico mucho mayor de países y con una batería mucho más amplia de productos. Especial mención al sector de automóviles, cuyo peso en el total de exportaciones de bienes españoles se  sitúa cercano al 15%, muy próximo al 15,5% del peso de las exportaciones de bienes más tradicionales -alimentación, bebida y tabaco-.

Esta mirada al exterior se ha trasladado a la economía doméstica. Los últimos datos de crecimiento español del cuarto trimestre de 2014 muestran una subida trimestral del 0,7%, muy por encima de lo esperado, con el consumo y la inversión como pilares del crecimiento. De esta forma, la recuperación que inicialmente vino del sector exterior se traslada a la demanda doméstica y permite a nuestro país empezar el año 2015 con buen pie. De hecho, es previsible que se superen las expectativas iniciales de crecimiento -(el propio gobierno habla de cifras cercanas al 3%, frente al 2% que estimaba en los presupuestos, algo en lo que coinciden la mayor parte de los analistas-.

El ejemplo de España y también de otros países que han sufrido mucho con la crisis, como Portugal e Irlanda, debe servir a Grecia como punto de esperanza en la transformación de su actual modelo de crecimiento. Sólo así este último país se ganará definitivamente la confianza y el reconocimiento del resto de socios europeos.

 

 

¿Quieres expandir tu empresa a otros mercados?

Exporta con JUMP!