Empresas con negocio internacional frente a la retórica proteccionista

Nada tan americano como Harley Davidson, emblemática firma de motocicletas de Milwaukee. Símbolo de libertad y aventura, remonta sus orígenes a 1903 y ha superado crisis económicas, cambios de propiedad, problemas con algunos modelos y la competencia global hasta convertirse en uno de los mayores fabricantes, con clubs de fans en todo el mundo. Así que cuando, en medio de una escalada de declaraciones políticas que parecen augurar una agria guerra comercial, Harley Davidson anuncia que traslada parte de su producción fuera de Estados Unidos, es que algo está pasando. Muchos empresarios con negocio internacional se preguntan en qué les puede afectar esta situación, por el impacto en el coste de sus importaciones o exportaciones, y en el crecimiento económico.

¿Hasta qué punto las tensiones comerciales pueden mermar el crecimiento mundial? Parece claro que nos dirigimos hacia un entorno comercial menos abierto, con mayores aranceles. Sin embargo, los analistas de Deutsche Bank consideran que con las medidas impuestas ya sobre la mesa, el impacto sería bastante limitado y no llegaría más que a una o dos décimas sobre las previsiones de crecimiento actuales, que los expertos del banco sitúan en un 3,9% en 2018 y 3,8% en 2019.

Incluso aunque Estados Unidos materializara su nueva amenaza de aranceles del 10% sobre 200.000 millones de dólares de productos chinos, la merma sobre la economía china sería como máximo del 0,4% (sobre una previsión del 6,6 en 2018 y 6,3 en 2019). No hay que olvidar que China tiene instrumentos de política económica suficientes para compensar estos efectos negativos de un mayor proteccionismo mundial.

En cuanto a los efectos de la determinación de nuevos aranceles, de inmediato nos viene a la cabeza el sector de la automoción, primer sector exportador en España, con el 20% del total de exportaciones. España cuenta con plantas de producción de grandes firmas automovilísticas, pero además existe una amplia e importante red de empresas españolas proveedoras de componentes, en su mayor parte para la industria automovilística alemana, que indirectamente se verán afectados. Sectores que ya están notando el impacto de la introducción de aranceles son el siderúrgico y el de la aceituna negra, a las que Donald Trump ha impuesto aranceles poco justificados, en beneficio de países como Marruecos, Egipto y Turquía.

¿A qué acontecimientos deben estar atentos estos empresarios? Si los Estados Unidos decide avanzar e imponer tarifas sobre la importación de automóviles, los analistas de Deutsche Bank consideran que la Unión Europea respondería como ya lo ha hecho con las tarifas al acero y al aluminio: tarifas similares en represalia, una disputa junto con otros socios comerciales ante la Organización Mundial del Comercio y, en caso de ser necesario, introducción de medidas que protejan la industria europea de una eventual redirección de las importaciones americanas. Si los EEUU no materializaran sus amenazas, la UE ha expresado su voluntad de reducir tarifas de forma multi-lateral, lo que requeriría consenso de los socios comerciales de la NAFTA, China, Japón y Corea del Sur.

Si la UE optara por imponer represalias a las importaciones de EEUU, los expertos de Deutsche Bank consideran que sería sobre bienes de consumo, para que tengan un mínimo impacto sobre la cadena de producción, o bienes que puedan ser fácilmente sustituidos. Sectores como semillas y cereales, fruta y frutos secos, bebidas, papel, productos de limpieza, plásticos, vidrios, equipos informáticos, electrodomésticos, y equipamiento y suministros médicos. Estos siete sectores suman 39.000 millones de exportaciones estadounidenses a la UE.

Si la retórica belicista no remite, la Unión Europea podría desarrollar una estrategia a medio y largo plazo, que incluiría el impulso de reformas en la Organización Mundial del Comercio y reforzando lazos comerciales con otros países.

Los empresarios deben estar atentos al desarrollo de los acontecimientos, y preparados para reaccionar. Y cuando hablamos de reaccionar, no nos referimos necesariamente a defenderse. Es tan o más importante aprovechar las oportunidades que se puedan presentar con cualquier cambio en el equilibrio del comercio internacional: entrar nuevos mercados, ampliar líneas de negocio, abrir nuevos centros de producción, reducir la factura de los proveedores… todos los escenarios abren oportunidades, y vale la pena estar preparado.

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