España sorprende en Europa

El año 2015 ha empezado con datos positivos para toda Europa. La bajada del precio del petróleo, la debilidad del euro y el anuncio del BCE de que comprará deuda pública de forma masiva durante los próximos 18 meses han servido de acicates para convertir a la zona euro en la sorpresa económica del año.

Dentro de Europa nuestro país sorprende por su fortaleza. De acuerdo con los datos publicados por el INE a finales de abril, la economía española creció un 0,9% en el primer trimestre de 2015, a la cabeza del resto de países de la Eurozona. Es más, tanto los analistas de Deutsche Bank como todo el consenso del mercado esperan ahora que este año el crecimiento se acerque al 3%, y se mantenga en estos niveles elevados en 2016. ¿Por qué esta diferencia?

Además de los factores externos ya expuestos, nuestro país está disfrutando hoy, por fin, de los múltiples esfuerzos en reformas estructurales realizados en los últimos años. Hemos sufrido mucho, pero al final poco a poco llega la recompensa. Familias y empresas empiezan a mirar el futuro con confianza, y esto se nota en un mayor dinamismo de la demanda doméstica, que se convierte en el principal motor de crecimiento. Gracias a la devaluación interna de los últimos años, nuestra economía ha ganado competencia a nivel mundial, y esto se ha traducido en un fuerte impulso exportador, del que disfrutamos ya desde 2010. Ahora, hemos dado un paso más en este nuevo modelo de crecimiento. Las empresas son más eficientes, exportan más y mejores productos y a más países, y esto, a la postre, se transmite en más empleo, más consumo y más inversión doméstica.

No todo, sin embargo, es positivo. El camino a recorrer sigue siendo largo. Pese a que se han corregido muchos de los desequilibrios acumulados durante los años del boom económico (en particular la burbuja inmobiliaria), algunas de las secuelas de los mismos se mantienen. La principal, el elevado nivel de deuda de nuestro país. Aunque tanto familias como empresas han aprovechado los últimos años para ir reduciendo poco a poco su deuda, la misma sigue siendo muy alta, y esto limita el crecimiento a medio plazo al limitar el crédito.

A nivel público, es necesario avanzar en la reducción del déficit. Sólo así podremos reducir niveles de deuda pública superiores al 100% del PIB. Lamentablemente, y pese a que el crecimiento fue mayor de lo previsto, el año 2014 se cerró con un déficit elevado, del 5,7% del PIB, con desviaciones importantes en las CCAA. Y en 2015 las convocatorias electorales hacen poco probable terminar el año con un déficit por debajo del 4,5% del PIB previsto, pese a que el crecimiento del PIB será, de nuevo, probablemente muy superior a lo estimado en los presupuestos (2% anual).

Por último, España tiene que seguir avanzando en reformas liberalizadoras, sobre todo en el sector servicios, que al estar menos abierto a la competencia sigue sufriendo de muchas ineficiencias. También hemos de seguir ahondando en la regulación laboral. No sólo por los insoportables niveles de empleo, sino también porque el secular problema de nuestro país, la dualidad del mercado de trabajo, o lo que es lo mismo, las diferencias en protección entre los trabajadores fijos y los temporales, persisten incluso tras la última reforma.

En resumen, hemos avanzado mucho, pero no podemos dormirnos en los laureles. España va en la senda correcta, y esto se nota en un crecimiento superior a la zona euro. No caigamos por tanto en la complacencia.

 

 

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