Industria 4.0: China aprovecha una gran oportunidad con el ‘año de la innovación’

Compartimos hoy con los lectores del blog de Jump! un interesante artículo de Deutsche Bank Research sobre uno de los países en el que más pymes españolas tienen en su foco para exportar: China, y además sobre un tema de rabiosa actualidad dado lo que se está hablando sobre su economía en los últimos meses, para cambiar los tópicos de ‘país de mano de obra barata y poco valor añadido’ que muchos tienen aún sobre ellos.

La Industria 4.0 (también conocida como industria integrada o internet industrial) es ahora sujeto de intenso debate. Esta megatendencia está destinada a cambiar la forma en que los bienes y servicios son creados y distribuidos, cambiando el panorama industrial a escala nacional y global. China quiere tener un papel de liderazgo en esta evolución digital, por lo que ha iniciado un amplio rango de políticas, progresando notoriamente en varias áreas. El país está determinado a aprovechar esta gran oportunidad que se le presenta, según han presentado recientemente en el plan ‘Made in China 2025’. China todavía tiene un largo camino para recorrer, aunque con este nuevo plan combina la visión a largo plazo con acciones concretas en el proclamado ‘año de la innovación’.

¿Qué hay detrás de la Industria 4.0? Esencialmente el concepto se reduce a la reorganización y automatización de las cadenas de valor. Esto incluye flujos continuos de información digital a lo largo de toda la cadena de producción, desde los proveedores hasta el marketing e incluso el mantenimiento. Las cadenas de valor tradicionales serán por tanto refinadas estableciéndose modelos de negocio totalmente nuevos.

Claramente, la industria 4.0 no se implementará de la noche a la mañana sino que nos iremos dando cuenta de su evolución. La experiencia empírica muestra que las compañías con una estructura de procesos menos establecida son más propensas a transformarse hacia el nuevo paradigma de la Industria 4.0. Esto puede también decirse del nivel industrial general: las estructuras industriales modernas que han sido construidas de forma comparativamente reciente están bien preparadas para la revolución digital que llega.

Un buen ejemplo es China, determinada a continuar la transformación de la economía hacia un modelo de crecimiento llevado por la innovación y la alta tecnología, aprovechando la oportunidad ligada a la Industria 4.0. En mayo de 2013, su gobierno desveló el plan ‘Made in China 2025’. Este plan de 10 años complementa los planes industriales quinquenales del gobierno. Enumera diez industrias emergentes como estratégicas e intenta construir una red inteligente, digital y conectada de fabricación china. No obstante, en contraste con los planes quinquenales habituales, este plan se focaliza en una mejora de la estructura industrial de la economía incluyendo su desarrollo económico. Este punto es importante, dado que explícitamente trata de la gran heterogeneidad respecto a las capacidades tecnológicas tanto de las empresas como de los trabajadores chinos.

Indudablemente, impulsados por un amplio rango de políticas, China ha hecho considerables mejoras en términos agregados en varias áreas: desde la formación de la capacidad técnica de los trabajadores hasta mejoras concretas en áreas como la innovación e infraestructura. Por ejemplo, entre 2000 y 2010, el número de graduados con un primer título universitario en los campos de ciencia e ingeniería aumentó un 14% anual. En 2010, China dio más de 318.000 grados universitarios en ciencias y 813.000 en ingeniería. El país ha sobrepasado a Estados Unidos y a Alemania en términos de solicitudes de nuevas patentes asociadas a la industria 4.0.

Adicionalmente, China es ahora la economía con el número más grande de conexiones maquina-a-máquina (50 millones en 2015) seguida de EEUU (32 millones) y Japón (9,3 millones). Compañías como Huawei (equipos para telecomunicaciones) o ZTE (equipos informáticos) están entre los líderes mundiales en innovación dados sus enormes departamentos de investigación.

Según la consultora McKinsey, cientos de compañías medianas chinas están creando ahora una versión china del famoso ‘MIttelstand’ alemán. Estas compañías se especializan sobre todo en biotecnología, farmacia, electrónica de consumo, tecnología médica, drones y equipamiento de telecomunicaciones. El tamaño relativo de la economía de internet en China no solo ha alcanzado los estándares internacionales, sino que su porcentaje del 4,4% del PIB en 2013 está ya entre los líderes globales, sobrepasando economías avanzadas como EEUU, Francia y Alemania. Desde esta perspectiva no nos sorprenderá que el 57% de los ejecutivos entrevistados en una reciente encuesta publicada por la consultoría Infosys digan que China es el adoptante más maduro de la Industria 4.0.

Claramente, los beneficios potenciales de la Industria 4.0 en China son inmensos, y escalan con el tamaño de la industria. La industria de automatización China se estima en un valor sobre 100 billones de dólares. El valor del output de solo la industria manufacturera china sobrepasó los 3,2 trillones de dólares en 2013. No obstante, una implementación exitosa de la Industria 4.0 no es solo una gran oportunidad para las empresas chinas en lo referente a ganar cuota de mercado. El incremento en la productividad laboral puede también ser lo necesario para compensar la pérdida en su ventaja en costes laborales y asegurarle la competitividad internacional.

De todas formas, todo esto no describe el retrato de la China actual. La mayoría de empresas chinas aún no han llegado a adoptar las innovaciones de las anteriores etapas industriales. Según el Word Economic Forum, una institución internacional para la cooperación público-privada, el nivel tecnológico medio del trabajador chino es todavía relativamente bajo. En media, China también tiene un retraso en lo referente al ancho de banda de internet y las conexiones empresariales. McKinsey estima que el ratio de adopción de Internet en las pymes chinas llega solo al 25%. Por ahora, la adopción de internet ha sido más llevada por los consumidores que por las empresas. Por tanto falta un largo camino por recorrer.

De todas formas es interesante ver que, pese a la gran competencia a nivel empresarial, han hecho esfuerzos para mejorar los estándares internacionales. Los ejemplos incluyen la Comisión para la estandarización chino-alemana, el diálogo sobre la industria 4.0, la alianza chino-alemana para la educación y formación vocacional, y un programa de acción conjunta llamado ‘Diseñemos la innovación juntos’.

El gobierno debería continuar siguiendo estos esfuerzos, especialmente focalizándose en un rol de facilitador y poner a las empresas ‘en el asiento del conductor’ de la Industria 4.0. Por tanto, la provisión de infraestructuras públicas complementarias y facilitar un fructífero diálogo público-privado nacional e internacional necesitan ser sus prioridades. Solo una estrategia así puede aunar los intereses de los diferentes intervinientes en este desarrollo. Con el plan ‘Made in China 2025’, el gobierno chino va en la dirección correcta, dado que el plan combina una visión de largo plazo con acciones concretas en el que han proclamado como ‘Año de la Innovación’.

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