Japón, ¿futuro perfecto? 

Japón es uno de los destinos más atractivos para las exportaciones españolas: un país con una renta muy alta, muy poblado de gente innovadora, tecnológica aunque amante de sus tradiciones… es una economía peculiar, cuya historia y evolución merece la pena conocer porque creemos que es una de las zonas más desconocidas del mundo desde nuestro país. ¿Sabíais que lo forman 6.852 islas? ¿Sabíais que la capital, Tokio (en la isla de Honshu) tiene la mayor área metropolitana del mundo, con más de treinta millones de residentes? ¿Y que en la actualidad es la tercera mayor economía del mundo de acuerdo a su PIB, siendo además el cuarto mayor exportador e importador de mercancías, además de uno de los países con mayor esperanza de vida y con menor índice de homicidios?

Además de estos curiosos datos (y no hemos entrado en su idioma que sí que es realmente peculiar) queremos compartir con vosotros, para ayudar a entenderlos mejor, el  artículo “Lección japonesa: ¿”Futuro perfecto”? de Stuart Kirk, James Malcolm y Bilal Hafeez en la revista Konzept de Deutsche Bank Research que traducimos del original en inglés:

El pasado de Japón es útil para ayudarnos a entender qué pasa en otros países: quizá no de la forma que la gente normalmente piensa. Pero hay lecciones que todos podemos aprender analizando qué ha pasado y a dónde se encamina el país. Por ejemplo, el futuro de Japón puede ayudar a responder preguntas espinosas como ¿Ces muy serio tener estancamiento por mucho tiempo? ¿Pueden recuperar el crecimiento? ¿Deberían los países buscar soluciones fiscales activas o son las grandes deudas estatales simples apuntes contables?… y ¿Es la relación entre demografía y crecimiento realmente determinante?

Hay buenas razones para la esperanza. Japón ha pasado de un aislamiento secular a una extrema apertura, del autoritarismo a la democracia liberal, “de mendigo a millonario” y del desespero a la exuberancia, y vuelta atrás también. En una sociedad relativamente homogénea y orientada al consenso, cuando la gente adopta el cambio lo suele hacer rápida y abrumadoramente. El detonante es de forma habitual una serie de eventos traumáticos: tardaron menos de 2 décadas en transformar el país de feudal a moderno cuando el Comodoro Perry llegó para romper 200 años de aislamiento en 1854, y el mismo tiempo para revivir como el ave fénix tras la 2ª guerra mundial.

El camino a las “Abenomics” lo pavimentaron veinte años de deflación, parálisis política y angustia social. Pero fue el triple revés de la crisis financiera global, el terremoto (y tsunami) de Tohoku y la disputa sobre las islas Senkaku/Diaoyu que finalmente sacudieron la nación para sacarla de su estado resignado, casi catatónico.

Shinzo Abe reemergió como el hombre correcto en el sitio correcto, articulando con una cuidadosamente diseñada “tercera vía” que rompió el impasse de 20 años entre el estímulo Keynesiano y la destrucción creativa Schumpeteriana, al estilo por el que bajo Korekiyo Takahashi Japón venció a la deflación al principio de los años 30 y ofreció una nueva fuente de esperanza.

Tras 2 años, los “Abenomics” realmente están pagando dividendos, El espectro de la deflación se ha  disipado, los beneficios empresariales han revivido, los salarios y las inversiones se están incrementando. Los consumidores están tentativamente gastando más, y los inversores individuales “han redescubierto su espíritu salvaje”. Las direcciones de las compañías están presionadas para poner más énfasis en una gestión eficiente del capital, especialmente cuando el retorno real sobre el efectivo es profundamente negativo. Y el gobierno está ahora impulsando un cambio masivo de portfolio para las pensiones públicas hacia la renta variable y los activos extranjeros.

Falta aún un trecho largo del camino, pero las valoraciones de las empresas son aún convincentes en términos absolutos y relativos. Si en algún momento había que apoyar a Japón “llegó la hora”.

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