Japón: retos económicos de cara al 2015

Existe un proverbio japonés que dice: “se puede romper con la fuerza de la mano varias flechas si se las toma una por una; pero no si van juntas”. Esta es la esencia de la denominada Abeconomía o estrategia económica de las tres flechas,  instaurada en Japón por Shinzo Abe, Primer Ministro del país elegido hace 3 años.  El  último informe difundido por Crédito y Caución sobre el país asiático prevé un crecimiento del PIB del 0,9% en 2015 y del 1,4% en 2016, tras la recuperación del consumo privado.

El crecimiento del PIB del país nipón se estabilizó en 2014, a pesar de la relajada política monetaria, los amplios paquetes de estímulo fiscal o las reformas estructurales. Esto se debe principalmente a una contracción del 1,2% del consumo privado, que representa el 60% de la economía japonesa. El incremento del impuesto de valor añadido del 5% al 8% en abril de 2014 fue la causa principal de la caída del consumo. Para que este pueda recuperarse en 2015 la Administración ha aplazado hasta abril de 2017 el segundo incremento fiscal, hasta el 10%, previsto inicialmente para octubre de este año.

En base a este panorama, Crédito y Caución prevé que las insolvencias empresariales, que descienden en Japón desde 2009, disminuyan un 10% adicional en 2015. No obstante, las pequeñas empresas de ciertos sectores como el comercio minorista y la construcción son más vulnerables por la reducción de sus márgenes. Asimismo, las empresas que dependen de productos importados también se enfrentan a un aumento de los gastos debido a la depreciación del yen, lo que podría dañar su resistencia financiera.

Además, en 2014, las exportaciones de bienes y servicios aumentaron por encima del 8% y está previsto un crecimiento del 8,3% en 2015 y del 6% en 2016. Asimismo, el descenso del precio del petróleo también beneficia a la cuenta corriente de Japón, dado que la compra de combustibles fósiles y gas ha aumentado desde 2011 para compensar la pérdida de energía nuclear tras el terremoto y el tsunami.

Por otro lado, Japón se enfrenta a importantes retos demográficos. La población está disminuyendo, así como el número de personas en edad de trabajar. Sin la adopción de las medidas apropiadas, los japoneses deberán afrontar inevitablemente la reducción de la base imponible y el aumento del gasto en prestaciones por jubilación. Muchas industrias ya se están viendo perjudicadas por la escasez de mano de obra, que deriva en mayores costes laborales y daña su competitividad internacional.

Para lograr una recuperación sostenible e impulsar el rendimiento económico del país a largo plazo, existe la necesidad urgente de flexibilizar el mercado laboral, poner fin a la protección para agricultores, médicos y compañías farmacéuticas e introducir una mayor desregularización de la actividad empresarial. La Administración ha anunciado su intención de abordar estas cuestiones en la legislatura actual, pero las reformas todavía se enfrentan a la enérgica oposición de poderosos grupos de interés.

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