López Obrador, en el Zócalo de la Ciudad de México.

Las empresas españolas, con la vista puesta en México

La victoria de Andrés Manuel López Obrador, líder del partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), en las elecciones presidenciales de México del pasado 1 de julio supone un giro a la izquierda en un país acostumbrado a los gobiernos de centroderecha.  Con entre el 53% y el 53,8% de los votos, López Obrador ha sido elegido presidente con el mayor respaldo de la historia de México y desbanca a los dos partidos tradicionales (el PRI y el PAN), que llevaban cerca de dos décadas alternándose en el poder.

El cambio político en México es seguido por interés en España, el segundo país con mayor inversión directa en el país, por detrás de EEUU, un 18,2% del total en los tres primeros meses de 2018. Por sectores, destacan la intermediación financiera, comunicaciones y transportes, turismo, el sector inmobiliario, y la generación y distribución de energía y gas. La Secretaría de Economía mexicana contabiliza más de 6.000 empresas con capital español en el país, tanto grandes multinacionales reconocidas como pymes.

México es también el primer destino de la exportación española a América Latina, y el quinto mercado más importante fuera de la Unión Europea.  Hasta abril, las exportaciones españolas a México alcanzaron los 1.477 millones de euros, mientras que las importaciones supusieron 1.571 millones, según datos del informe de Comercio Exterior de la Secretaría de Estado de Comercio. En 2017, el balance comercial fue positivo para España: 4.095 millones de euros en exportaciones frente a 4.059 millones de euros en importaciones. México nos compra sobre todo máquinas y aparatos mecánicos, vehículos automóviles, prendas de vestir, aparatos y material eléctrico, barcos y embarcaciones, materias plásticas, bebidas y productos químicos orgánicos. En cuanto a las importaciones, España adquiere fundamentalmente combustibles fósiles (el 65% de todas las importaciones del año pasado).

Los retos del nuevo Gobierno mexicano

AMLO, como también se conoce a López Obrador, deberá enfrentarse a una serie de retos en su etapa al frente del Gobierno mexicano: la corrupción, el incremento del crimen y la delincuencia, una economía en la que la inversión y el crecimiento no terminan de despuntar (apenas un 2% previsto para este año), y el desafío proteccionista de Estados Unidos.

En su primer discurso tras su victoria, Andrés Manuel López Obrador ha anunciado “cambios profundos” pero “con apego al orden legal establecido”. Así, el líder izquierdista ha asegurado que “habrá libertad empresarial” y se garantizarán “todas las libertades individuales y sociales”. Para tratar de tranquilizar al sector empresarial, López Obrador ya se ha reunido con organizaciones como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación de Cámaras Industriales o la  Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicio y Turismo. “Nosotros tenemos confianza en el sector empresarial y ellos han manifestado su confianza con el nuevo gobierno que va a encabezar las acciones de transformación en nuestro país”, dijo al respecto de su encuentro con el CCE.

Eso sí, AMLO ha anunciado que los contratos del sector energético suscritos con particulares “serán revisados para prevenir actos de corrupción o ilegalidad”. En el caso de encontrar “anomalías que afecten el interés nacional”, López Obrador asegura que se conducirá “por la vía legal. No actuaremos de manera arbitraria ni habrá confiscación o expropiación de bienes”.

El líder del Movimiento Regeneración Nacional apuesta por impulsar el desarrollo del país sin necesidad de “aumentar impuestos en términos reales ni endeudar el país”. Tampoco habrá “gasolinazos”. Su intención es bajar el gasto corriente y aumentar la inversión pública para impulsar las actividades productivas y la creación de empleo. “El propósito es fortalecer el mercado interno, tratar de producir en el país lo que consumimos y que el mexicano pueda trabajar y ser feliz donde nació”, afirmó.

Con respecto a su vecino del Norte, Estados Unidos, AMLO ha afirmado que busca “una relación de amistad y de cooperación para el desarrollo, siempre fincada en el respeto mutuo y en la defensa de nuestros paisanos migrantes que viven y trabajan honradamente en ese país”. Con esa intención, ha anunciado que invitará al presidente estadounidense a su toma de posesión, que tendrá lugar el 1 de diciembre.

Acuerdo de Libre Comercio con la UE

Aunque la prioridad para el nuevo presidente mexicano es la renegociación del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), AMLO también tendrá tiempo a pensar en los próximos meses qué camino seguir en relación al Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUEM).

El Gobierno de Peña Nieto alcanzó en abril pasado un acuerdo inicial con la UE que revisa el tratado vigente con México desde el año 2000. La intención de las partes era tener un texto final cerrado a finales de año. De aprobarse el TCLUEM, prácticamente todo el comercio de bienes entre la UE y México pasaría a estar libre de aranceles, también los productos agrícolas. Además, se establecerían procedimientos aduaneros más simples, incluso en sectores como productos farmacéuticos, maquinaria y equipos de transporte.

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