¿Más medidas de expansión en Europa?

Durante las últimas semanas estamos asistiendo a una ola de revisiones a la baja en las estimaciones de crecimiento mundial, no sólo por parte de los analistas e inversores privados, sino también por parte de los organismos internacionales. No nos enfrentamos a una nueva recesión mundial, pero sí a un cierto freno al crecimiento, en gran parte como consecuencia del efecto sobre el comercio y las exportaciones de la menor demanda mundial.

También en Europa, las cifras de crecimiento de este segundo semestre del año son algo más bajas que en la de meses anteriores. Los efectos positivos de la debilidad del euro y la rebaja del crudo van desapareciendo, y aunque la demanda doméstica en gran parte de los países (y especialmente en España) mantiene cifras saludables, las cifras de confianza empresarial empiezan a mostrar señales de agotamiento en el sector productivo, fundamentalmente el ligado al exterior.

También los precios de las materias primas están sufriendo un importante castigo, pues además de una menor demanda existe en muchos casos un exceso de producción que impacta negativamente sobre los precios. El resultado, la inflación mundial retrocede y se aleja de los objetivos de los bancos centrales, llevando a estos últimos a o bien retrasar posibles subidas de tipos (como el caso de la Fed) o tomar nuevas medidas de expansión.

Esto último es lo que parece que va a ocurrir en Europa. En la reunión del pasado 22 de noviembre, Draghi preparaba a los inversores para una posible ampliación de sus medidas expansivas en la reunión del 3 de diciembre. La razón: los riesgos existentes sobre los objetivos de crecimiento e inflación. Para ello, podría ampliar algunos de los instrumentos actualmente vigentes. El principal, las compras de deuda. Según los analistas de Deutsche Bank, se podría ampliar en seis meses dichas compras, hasta marzo de 2017, para intentar así incrementar los efectos positivos del programa actual (60.000 mn.€ al mes) que se están reflejando ya tanto en el volumen de crédito como en la relajación en las condiciones de acceso a dicho crédito. Esta medida tendría la ventaja además de poderse eliminar de forma anticipada si los datos económicos y la inflación vuelven a la senda prevista. No descartan además una nueva rebaja de los tipos de interés que penalizan al exceso de depósitos bancarios mantenidos en el BCE, en 10 pb. hasta el -0,30%, además de una rebaja del tipo repo en 10pb., lo que implicará también un cambio en las condiciones actuales de las subastas de liquidez TLTRO.

Todas estas medidas deberían permitir un buen comportamiento de los activos financieros europeos. Los bonos públicos mantendrían las bajas rentabilidades, ante la ausencia de presiones inflacionistas y la existencia de un gran comprador en el mercado (el BCE), en un entorno además de menos emisiones. Las bolsas, mejorarían porque los tipos al cero obligan a los inversores a buscar alternativas de inversión más arriesgada para poder conseguir algo de rentabilidad en sus ahorros, y tras las caídas de verano muchas de las empresas cotizan a niveles muy atractivos. Buen entorno por tanto de cara a cierre de año, aunque como siempre, no exento de volatilidad ligado a la Fed, a los datos en China y por qué no decirlo, a factores varios como el petróleo o incluso Grecia.

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