No nos olvidemos de Canadá

Los últimos meses han estado repletos de noticias, tanto políticas como de desastres naturales, sobre todo en América. Debido a ello no se le ha dado tanta relevancia a una noticia que puede ser muy positiva para las empresas españolas que están buscando ampliar sus horizontes y dar un salto al exterior. Me refiero a la firma del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá, un acuerdo conocido como CETA, por sus siglas en inglés, y que analizaré a continuación.

El objetivo de este tratado de libre comercio es “impulsar el intercambio de bienes y servicios y el flujo bilateral de inversiones”, además, unifica los estándares reguladores, lo que simplifica enormemente la fabricación de los productos y su exportación. En el ámbito social, además, equipara las titulaciones universitarias para que exista mayor movilidad entre los profesionales de ambas regiones. Ha entrado en vigor en febrero, tras aprobarlo el Parlamento Europeo, aunque aún tiene que ser ratificado por los parlamentos de los 28 países miembros de la unión.

Canadá es un país que cuenta, sin lugar a dudas, con unos elevados niveles de protección social y medioambiental, lo que le equipara, en muchos aspectos, a los estándares que se tienen en Europa. Esta es una diferencia clave con, por ejemplo, las críticas que ha causado la negociación del TTIP (Tratato Trasatlántico de Comercio e Inversiones), por lo que su nivel de aceptación es mucho mayor. En ambas regiones se cuenta con un sistema de sanidad pública universal y de protección de los derechos de los trabajadores. Además, es un país que impulsa las energías renovables y el crecimiento sostenible. El gigante norteaméricano es el tercer país en reservas de petróleo (seguro que este dato asombra a más de uno) y, no obstante, más de dos terceras partes de su energía proviene de fuentes limpias. Está claro que en un acuerdo con un país de estas características, no se puede pensar que se vayan a bajar los estándares que se mantienen dentro de la Unión Europea, uno de los puntos que se ha criticado por parte de algunos partidos en Europa.

Además, se calcula que el comercio bilateral se incremente en aproximadamente 20% y que la economía europea genere unos 12.000 millones de euros anuales, mientras que en Canadá representaría cerca de 8.000 millones. Un ‘pastel’ bastante grande por lo que las implicaciones para las empresas son muy beneficiosas, sobre todo las que están buscando ampliar mercado en un territorio tan grande como lo es Canadá. Primero por la reducción de la tasas de aduana, segundo por la estandarización de las normas –lo que favorece el intercambio tanto de productos como de servicios–. En realidad, nuestras empresas, tanto grandes como pequeñas, tendrán las oportunidades de acceso a Canadá con las mismas condiciones que tienen ahora en mercados europeos, como Francia, Alemania o Italia. Otra de las ventajas, es que Canadá tiene una política de protección de denominaciones de origen, lo que juega a favor de los productores españoles, ya que un ‘queso manchego’ o un ‘jamón de Guijuelo’ solamente se podrán vender por fabricantes que estén en la región.

En definitiva, este tratado le abre las puertas a los empresarios para entrar a un mercado enorme: 36 millones de clientes y con un poder adquisitivo muy alto (tienen un PIB per cápita un 60% superior al nuestro), además tienen unos paisajes preciosos que, por si mismos, constituyen ya un pretexto para ir a visitar el país.

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