A vueltas con las elecciones de EEUU

Nos acercamos a una fecha clave para la economía mundial: el 8 de noviembre. Ese día los votantes de EE.UU. decidirán quién regirá su país en los próximos 4 años y pocas veces habíamos visto unas elecciones tan controvertidas. Primero, porque si hacemos caso a las encuestas, Hillary Clinton se hará con la presidencia, aunque realmente ninguno de los dos candidatos ilusiona especialmente entre los ciudadanos, que tampoco están muy contentos con la política del gobierno. Esta vez, además, se produce un cambio generacional en el perfil de los votantes: los baby boomers (nacidos en los años 50-60), han dado paso a los millennials y a la llamada “generación X”, una población tecnológicamente avanzada, con un alto perfil educativo, y con un perfil étnico muy diferente (mayor peso de los votantes hispanos, de raza negra y asiática). Todo ello complica la labor de las encuestas, y también el número de indecisos.

En las elecciones se dirime mucho más que quien será el futuro presidente. La razón, se renueva totalmente la Cámara de Representantes y un tercio del Senado (ambas actualmente en manos republicanas), por lo que un cambio en la mayoría de una de ellas, como auguran las encuestas, implicarían dificultades en la gestión de gobierno para uno u otro candidato, tal y como está ocurriendo actualmente con la presidencia de Barak Obama.

¿Y cómo afectarán estas elecciones a los mercados? A priori, las propuestas de los dos candidatos no pueden ser más diferentes. Una presidencia de Clinton implicaría cierto continuismo respecto a su predecesor Barak Obama, mientras que Trump abriría la puerta a medidas mucho más controvertidas. De hecho, en lo que único que parece que ambos candidatos están de acuerdo es en la necesidad de gastar dinero en política fiscal, especialmente en infraestructuras, si bien la moderación de las cifras de Clinton contrasta con las grandes inversiones propuestas por Trump.

Otra de las medidas que el candidato Trump ha propuesto y que más titulares ha generado en los medios de comunicación es la intención de renegociar algunos de los tratados comerciales actualmente vigentes, como el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica), y también los comentarios sobre las posibles tarifas a la importación de productos de algunos países, como China. Todo ello tendría un importante impacto en el comercio mundial y sobre los mercados cambiarios.

Respecto a los efectos en el dólar. Tanto la presidencia de Clinton como la de Trump deberían confirmar el potencial alcista del billete verde. Si gana Clinton, lo más probable es que Janet Yellen se mantenga como presidenta de la Reserva Federal, lo que significa subidas de tipos moderadas, frente a un BCE que mantendría su política de bajos tipos de interés por mucho tiempo. Bajo nuestras previsiones, este factor supondría un potencial alcista del dólar frente al euro hasta niveles de 1,05 a cierre de año. Bajo la presidencia de Trump, el potencial alcista del dólar sería incluso mayor, por lo que no descartaríamos una vuelta a la paridad o incluso a niveles por debajo de la misma, sobre todo a medio plazo. Primero, porque abogaría por una política de la Fed mucho más agresiva, es decir, más subidas de tipos de lo previsto. Segundo, porque su programa de expansión fiscal sería mucho mayor que el planteado por la candidata Clinton, lo que elevaría la deuda del país hasta niveles superiores al 105% del PIB (cuando actualmente tiene un 85%), y por tanto, el volumen de emisiones de bonos con rentabilidades potencialmente más altas, que animarían a los inversores a llevar su dinero hacia EE.UU. Y por último, porque Trump incluye dentro de su programa una propuesta que pretende fomentar fiscalmente la repatriación de capitales de empresas americanas desde otros países (los más de 1bn. de dólares de beneficios generados fuera del país podrían pagar un tipo fiscal del 10% vs. el 35% de tipo vigente), lo que obviamente también sería un factor positivo para el dólar.

En cuanto al impacto sobre la renta variable, las divergencias entre ambos candidatos hacen augurar un comportamiento muy distinto entre unos sectores y otros. A priori, la victoria de Trump podría provocar una mayor volatilidad a corto plazo. A medio plazo, sectores como el financiero (menos regulación) y la energía (apoyo a los combustibles fósiles) serían los más beneficiados. Mientras, los planes de Clinton podrían ser negativos para estos dos sectores, justo por prometer más regulación financiera y apostar por las energías renovables, y además para el sector farmacéutico. Sectores como el industrial, las materias primas, aviación y defensa saldrían reforzados con ambos candidatos por el mayor gasto fiscal, que implicaría mayor crecimiento económico del que se beneficiarían estos sectores cíclicos.

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