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Wall Street despega pese a la crisis en Turquía

Este último mes de agosto, la bolsa americana ha continuado experimentando una subida muy notable. Esta se debe entre otros factores, a la subida de los resultados empresariales, la aceleración del crecimiento y los avances en el sector tecnológico. Sumado a esto, en las últimas semanas, ha habido dos factores que han permitido recuperar cierta tranquilidad. En primer lugar, Jerome Powell (Presidente de la Reserva Federal) ha lanzado un mensaje muy positivo en el que asegura que seguirá subiendo los tipos de manera moderada y que la situación económica no corre ningún riesgo de sobrecalentamiento. En segundo lugar, México y EEUU han alcanzado un acuerdo comercial que ha sido ratificado por ambos congresos y sustituirá al actual Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Este acuerdo está estrechamente relacionado con el sector de los automóviles, sector que goza de gran importancia para ambos países.

Por su parte, las bolsas europeas han vivido un mes de agosto de cierres con balance negativo, influenciadas en gran medida por la inestabilidad de Italia. La posibilidad de establecer un déficit por encima del 3% del PIB ha provocado una subida de la prima de riesgo, ubicándose cerca de los 285 puntos. Sumado a esto, el índice MIB ha perdido en un mes casi un 9%. En España, el selectivo Ibex se ha visto penalizado por las caídas del sector bancario (influenciado por la situación de Turquía y la inestabilidad en Argentina e Italia).

En cuanto a los países emergentes, la gran protagonista ha sido Turquía. Las tensiones entre el país y EEUU por la detención de varios ciudadanos americanos han desembocado en sanciones que han provocado una caída del 25% de la lira, una inflación que ha subido hasta el 15%,  la huida de inversores y un efecto negativo sobre otros emergentes como Indonesia e India.  Sumado a todo esto, la negativa del banco central de actuar y subir los tipos de interés ha generado grandes dudas sobre su capacidad de pagar su deuda externa. De acuerdo con los analistas de Deutsche Bank, la solución a la crisis turca pasa un endurecimiento fiscal y monetario que logre estabilizar la lira pero que sin duda también provocará una recesión en el país.  A la inestabilidad de este país se ha sumado también la entrada en vigor de la segunda oleada de aranceles por parte EEUU sobre productos chinos. Además, Latinoamérica atraviesa un periodo de inestabilidad política debido a la crisis económica argentina, la hiperinflación en Venezuela y la proximidad de elecciones presidenciales en Brasil.

Por último, en agosto, el banco de Inglaterra ha cumplido su promesa y ha subido los tipos de interés en 25 pb. Esta subida es una respuesta a la encrucijada en la que se encuentra el país, con una actividad económica no demasiado fuerte y una subida de salarios y precios que ha estado por debajo de lo previsto. La baja capacidad productiva de la economía inglesa hace temer al Banco de Inglaterra que un incremento de la demanda como consecuencia de un menor temor a un “hard brexit”, provoque un súbito incremento de la inflación. La incapacidad de los parlamentarios británicos en ponerse de acuerdo para fijar una hoja de ruta clara respecto al Brexit, coloca al Banco de Inglaterra en una posición muy complicada. También, cabe destacar que el pasado 20 de agosto se dio por concluido el plan de rescate europeo para Grecia con la condición de que el país heleno consiga mantener un plan de superávit primario del 3,5% del PIB hasta 2020 y del 2,2% en los siguientes 40 años.

Por todo lo anteriormente mencionado, conviene tener en cuenta que estos últimos meses del año se caracterizarán por la volatilidad, causada por cinco factores principales:

 

  • Lo problemas en los mercados emergentes.
  • Las subidas en los tipos previstos por la Fed.
  • Las posibles sanciones a Irán por parte de EEUU y su efecto sobre el precio del petróleo.
  • Las tensiones comerciales entre EEUU y China.
  • La discusión presupuestaria en la UE.

A pesar de esto, los analistas de Deutsche Bank dudan que estos factores puedan eclipsar la solidez de la economía mundial y mantienen la zona asiática y Estados Unidos como favoritas para la renta variable.

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